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La Eurocopa de Ucrania y Polonia se adentra en su ecuador. Salvo sorpresa mayúscula, no creo que vaya a pasar a la historia si no es para el combinado que se proclame campeón y sus seguidores. La organización, al menos de momento, parece haber estado a la altura. No ha habido grandes excentricidades, ni polémicas más allá de las puramente deportivas.

Pero tengo la impresión de que hay algo que no pasara desapercibido para much@s: la nefasta narración de los encuentros. Creo que ni TeleCinco ni Cuatro han estado a la altura, principalmente en los encuentros de España. Es lo que tiene que los narradores que deben guiar el evento en cuestión lo hagan como si estuvieran haciéndolo en otro medio que no es el suyo. Paco González, Manu Carreño y compañía han aportado muy poco -y creo que estoy siendo benévolo- a las retransmisiones. Han confundido su papel, y se han dedicado a hacer de hoolingans, a narrar los partidos desde un postura radiofónica en un medio como la televisión, en el que el usuario está viendo lo que realmente ocurre sobre el verde -algo que no ocurre en radio y que, por ende, no deja lugar a la imaginación del televidente/oyente-.

Yo he optado por seguir los encuentros -me los he visto todos, defecto profesional- con el volumen muy bajo o, en el caso de los encuentros de España, sin volumen. A mi estos comentaristas que narran el partido como si no lo estuvieramos viendo, que son más hooligans que periodistas, y que opinan como si fueran un entrenador más, me resultan cansinos.

A ver si empiezan los Juegos Olímpicos y disfrutamos con auténticas narraciones televisivas.

Porque otra forma de hacer publicidad es posible.

Tipp-Ex lo ha vuelto a demostrar.

Algo no debemos estar haciendo bien, cuando recibimos tweets del tipo, “sígueme, que yo te sigo“. Que sí, que es verdad que Twitter es una red social, abierta, en el que se busca compartir contenido, colaboración entre usuarios, cocrear… Pero eso no implica que un usuario tenga que seguir a otro y viceversa.

Recientemente debatíamos entre un grupo de colegas la necesidad de crear un libro de estilo o manual en el que se especificara en qué casos es conveniente seguir a otro usuario. Unas pautas básicas, sin excesivas complicaciones, donde pudiéramos definir algunos requisitos al respecto.

Sinceramente, no confío demasiado en manuales de este tipo. Creo que el seguir a un usuario o no hacerlo depende de cada persona. En mi caso, no sigo a prácticamente la mitad de los followers que tengo. Y no porque no considere interesante lo que puedan tuitear, ni mucho menos. Es, simplemente, que el día tiene las horas que tiene, a mi el tiempo me da para lo que me da, y tengo que hacer una selección de los que considero que más me aportan. Probablemente me esté equivocando en mi elección, pero si es así, seguro que tarde o temprano ese usuario termina en mi timeline.

Lo mismo ocurre con otros muchos usuarios a los que yo sigo. Habrán hecho esa misma selección -o probablemente otra-, pero por el mero hecho de que no sean mis followers no creo que deba llevarme un mal rato -esto último ocurre más de lo que imaginamos-. Jamás pienso en seguir a alguien por el mero hecho de que vaya a hacer lo mismo conmigo.

Sucede que muchos usuarios -personas físicas, marcas, etc.- prefieren la estrategia de “si me sigues, te sigo”. No voy a decir que sea errónea -¿quién soy yo para hacerlo?-, pero no es el camino que yo tomaría. ¿Realmente creemos que un usuario puede sacar verdadero provecho de su Timeline siguiende más de 10.000 cuentas? Personalmente, me extraña bastante que pueda hacerlo -si alguno de vosotros me dice que puede hacerlo, reconoceré encantado mi error-.

Creo que la empatía es uno de los principales valores que debe tener una persona, pero en las redes sociales (Twitter, LinkedIn…) a veces nos excedemos.

Confío mucho más en la escucha activa, en agradecer las menciones, los Retweets, los comentarios que puedan hacerse en torno a nuestras reflexiones, que en el “si me sigues, te sigo”.

Ahora bien, si me sigues… 😀

Foto: Rosaura Ochoa (Flickr)

Tengo la impresión de que el periodismo convencional está a punto de vivir una revolución. Al menos, debería.

El cierre de Público, Canal 4 Navarra, la situación económica angustiosa de prácticamente todos los periódicos, radios y canales de televisión, los polémicos métodos de obtención de información por parte de algunos medios, la falta de ética de otros… En definitiva, que la imagen del periodismo atraviesa un momento de devaluación similar a la del euro.

En pleno siglo XXI, el formato papel únicamente genera pérdidas. Parecía lógico pensar que los medios buscarían nuevos soportes para divulgar su información, y así lo han hecho, trasladándose a Internet. No obstante, y salvo excepciones, la transición papel-byte ha sido lenta, sin convencimiento en muchos casos, sin objetivo claro ni estrategia definida, prácticamente incrustando el papel en la pantalla del ordenador. Estar, por estar.

La forma de comunicar ha sufrido una evolución enorme en los últimos tiempos. No sólo sucede con el periodismo. Lo vemos también en la comunicicación marca-usuario. Hemos vivido tiempos en los que la marca dirigía su mensaje sobre el consumidor, sin esperar ninguna respuesta de éste que no fuera la compra de su producto. No había interacción, ni comunicación posible. Era un envío de mensaje(s) -masivo en muchos casos-, ante lo que el usuario sólo podía hacer una cosa: ver, oir y callar -y, a ser posible, comprar-.

Sin embargo, ahora el usuario es el centro de todo el universo de la comunicación. Él es el que dicta las normas, el que muestra la estrategia a seguir.

El usuario lleva tiempo solicitando una nueva forma de comunicar; una nueva manera de hacer periodismo. Quiere sentirse importante, participar en la noticia, dar su punto de vista. No quiere ser un mero receptor de información. Ofrezcámosle, pues, lo que nos pide.

Y no, para ser participativo y abierto no basta con incluir en nuestra edición digital los iconos de Facebook, Twitter, Youtube… Ser participativo es mucho más que incrustar unos simples icónos. Ser participativos es una filosofía, una forma de vida que hasta ahora la mayoría de medios no se habían planteado.

Los medios de comunicación deben ser comunidades abiertas que faciliten la participación de sus usuarios, que aprovechen el valor que éstos pueden aportarle. The Guardian parece estar en ello -el vídeo superior es de ellos. También El País -me gusta la manera en la que cuidan su presencia digital, aunque me gustaría que fuera todavía más visual- y parece que Gara estrenará próximamente nueva web-comunidad.

¿Alguien más se apunta?

A estas alturas, todo el mundo ha oído hablar del Caso Contador. Probablemente no tenga muy claro qué es lo que realmente ha sucedido, si el corredor madrileño ha dado positivo o no, con qué sustancia… No es mi intención juzgar lo ocurrido, por lo que quedémonos con el dato objetivo: Contador ha sido sancionado por un posible dopaje.

En principio, se trataría de un positivo más, uno de los tantos a los que ya nos hemos acostumbrado los aficionados al ciclismo y otras disciplinas deportivas. El caso Contador, no obstante, va más allá, sobre todo a nivel mediático. Disputas entre distintos países, aficionados divididos, medios de comunicación mirando hacia lados completamente opuestos…

En estos casos, lo lógico hubiera sido que el patrocinador principal del equipo de Contador, el Saxo Bank, hubiera desaparecido del mapa. A nadie le hubiera extrañado que el banco danés hubiera tomado el camino más sencillo. Nadie le hubiera echado en cara que desapareciera del ciclismo, que se echara a un lado en un momento tan complejo como el actual, con la estrella de su escuadra sancionado por dopaje y una polémica que todavía durará un tiempo. Otros patrocinadores hubieran emprendido la huida con mayor celeridad

No obstante, no ha sido esa la estrategia planteada por Saxo Bank, que lejos de culpar al corredor y limpiarse las manos, ha optado por salir en defensa del ciclista de Pinto y, a su vez, aprovechar para lanzar un claro mensaje a sus clientes.

Corren tiempos convulsos para la banca, con su credibilidad bajo mínimos, sin la confianza de inversores y ciudadanos de a pie… Situación que paradójicamente se asemeja mucho a la que vive el ciclismo.

Saxo Bank, consciente de ello, ha provechado el símil para salir en defensa de Contador y demostrar a sus clientes que, en épocas complejas, seguirá junto a ellos, que no los abandonará. La entidad financiera ha sabido hacer frente a una crísis de imagen -más por daños colaterales que por motivos propios- que le podría haber hecho muchísimo daño. Ha insertado anuncios en distintos medios galos, país en el que se ha originado un gran debate en relación al positivo de Contador y la “pureza” de otros atletas españoles, aludiendo a su compromiso con el ciclista y sus propios clientes.

La estrategia llevada a cabo tiene cierto riesgo, sobre todo en Francia, aunque parece que tendrá un resultado bastante positivo en el resto de países.

Tiempo al tiempo.

No hay día que pase en el que no lea algún artículo en prensa o post en el que se mencione el valor monetario que un usuario tiene para una marca. Que si cada usuario de Twitter tiene un valor de 3 $, que si uno de Facebook 4,65 $, el de Tuenti 1,75 €… y así, día sí y día también. Pero, ¿Por qué ese afán de poner precio a todo?

Me indigna bastante que, como usuario, una enseña a la que admiro ponga precio a mi cabeza, como si estuviéramos en el lejano Oeste. Que yo siga a una marca concreta, la recomiende a mis conocidos, interactúe con ella e incluso aporte ideas, es lo mejor que puede sucederle. ¡¡¡Le estoy abriendo las puertas de mi casa!!!

Ese es el valor real que, como seguidor, aporto a esa firma. La posibilidad de conocerme mejor, de mejorar sus productos, de ofrecerle nuevas vías de negocio que puedan encandilarme. La oportunidad de ofrecerme contenido que me deslumbre, me enganche, me fidelice.

¿No son las propias marcas las que dicen que el precio no lo es todo? Entonces, ¿por qué empeñarnos en monetizarlo todo?

Sin embargo, como marca que también soy -afortunadamente juego los dos papeles-, soy consciente de lo que me aportan mis usuarios. Es un valor subjetivo, difícilmente medible. Va más allá de lo material, de la simple recomendación.

A más seguidores, mayor repercusión. Parece lógico. Pero personalmente no coincido con esta premisa. Así debería ser, sí, pero, ¿Qué ocurre cuando mis miles de seguidores poco o nada tienen que ver conmigo?

Supongamos que mi marca es local. Si mi negocio está relacionado con la hostelería, en un pequeño pueblo como Orio, qué sentido tiene que entre mis miles de usuarios más de la mitad sean japoneses y estadounidenses, y jamás interactúen conmigo? Ninguno, ¿verdad? Es ese caso, ¿Cuál es el valor real de esos usuarios? ¿Y el económico, sigue siendo de 3 $?

Ciñámonos al valor real, a lo que verdaderamente nos aportan nuestros seguidores, y olvidémonos de poner precio a sus cabezas. Empeñémonos en hacer felices a esos usuarios que sienten algo por nosotros, por muy pequeño que sea lo que sientan, para que en algún momento puedan quedar completamente prendados de nosotros.

Nos da miedo tener competencia. Nos ocurre en lo más cotidiano: en nuestros empleos, entre nuestro grupo de amig@s, en el deporte… Y, por supuesto, sucede también en las empresas. Pero, ¿Por qué ese miedo hacia la competencia? ¿Realmente debemos temer esa rivalidad?

Me ha llamado poderosamente la atención que, en prácticamente todas las conferencias sobre innovación y emprendizaje en las que he estado, alguna de las habituales preguntas estén siempre ligadas al miedo que nos crea la posibilidad de que la competencia copie nuestra idea. ¿Y si en lugar de verlo como algo negativo, como un auténtico peligro, lo vemos como un reto con tintes positivos? ¿Que alguien quiera aprovechar nuestros planteamientos no es señal de que algo estaremos haciendo correctamente?

Tener competencia no es perjudicial. Hace que nos apretemos los dientes, que nos impliquemos aún más, que trabajemos en nuestra idea con mayor empeño. No existe nada ni nadie único, auténtico. Lo que realmente nos diferencia es nuestra identidad, la de nuestro negocio, la de nuestra marca. Son pequeños detalles los que realmente nos hacen sobresalir a unos de otros.

La rivalidad, en lugar de crearnos angustia, debe servirnos para abrir nuestras mentes a nuevas posibilidades. ¿Por qué no aprovechar a nuestros oponentes para crear sinergias, colaboraciones, que nos ayuden y agilicen posibles evoluciones de producto?

Creo que uno de los principales problemas que nos encontramos en muchas empresas de este país es precisamente ese. Nos aterra tener rivales que puedan quitarnos cuota de mercado. En cierta medida, es lógico. Pero cuando ese miedo hace que no compartamos información con miembros de nuestro propio equipo, con proveedores e incluso con clientes, estamos dejando pasar una gran posibilidad de innovar, de crear ese elemento diferenciador que realmente hace que un cliente usuario pueda optar por nuestra compañía y no por otra. Centrarnos en exceso en nuestra competencia no hace más limitar nuestra visión.

Personalmente estoy convencido de que estamos viviendo una época ideal para compartir conocimiento. No seamos tan celosos de nuestra intimidad. Aprovechémoslo.

Samsung ha golpeado a Apple donde más le duele; en sus usuarios.

Conocíamos sobradamente la Guerra de patentes por la que están enfrentadas ambas compañías, pero ahora han ido un paso más allá. Con motivo del lanzamiento del Samsung Galaxy SII, la firma coreana ha emitido un spot en el que se dirige directamente a los usuarios de la enseña estadounidense.

El gigante asiático pretende despertar la conciencia de los applemaníacos, evidenciar que su fanatismo por una marca que da problemas -en el spot se habla del problema del Iphone con las baterías, por ejemplo- es irracional.

El Samsung Galaxy SII es un teléfono de alta gama, de unas características técnicas -cuenta con velocidad 4G- y un diseño vanguardita que nada tienen que envidiar al Iphone cupertiniano, busca transmitir el anuncio. Siendo así, ¿qué sentido tiene que hagáis cola durante días para conseguir un producto de Apple, cuando os va a dar problemas? ¿No os dáis cuenta que no sóis más que borregos?, parece querer decir la marca coreana.

Apple siempre se ha caracterizado por hacer anuncios de este tipo, dirigiéndose claramente a los usuarios de su competencia, buscando abrir sus mentes, mostrándoles el camino para escapar del rebaño. Ahora Samsung ha seguido esa misma estrategia para dirigirse a los usuarios de Apple.

Os dejo el anuncio de Samsung, y otro de Apple que seguro que habéis visto en incontables ocasiones. Un clásico.

Permítanme que empiece el post reproduciendo unas palabras del Santo Evangelio según San Mateo, en el que Jesús, tras ser preguntado por unos fariseos sobre la legitimidad de un hombre para despedir a su mujer por cualquier motivo, señala que, desde el momento en el que un hombre y una mujer se unen, éstos pasan a ser uno. Según el texto, Jesús concluía su respuesta con un Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.

Queridos lectores-pecadores, entiendo que al menos esa última oración les suena, aunque sea vagamente. Sino, siempre pueden hacer como un servidor y consultar a San Google.

En pleno Siglo XXI, creo que ha llegado el momento de relegar al Señor e incluir a Benetton en las plegarias.

Supongo que a estas alturas, tod@s habrán visto ya las imágenes de la polémica campaña Unhate de la firma de moda italiana.

Apasionados besos entre líderes políticos y religiosos, adversarios en lo ideológico pero con un elemento común que desconocíamos: Benetton.

El presidente estadoudinense Barack Obama besándose con el máximo dirigente de Venezuela, Hugo Chávez. La alemana Angela Merkel con el francés Nicolás Sarkozy; al palestino Mahmoud Abbas con el israelí Benjamin Netanyahu, y el norcoreano Kim Jong-il con el surcoreano Lee Myung-Bak. Y, la más polémica y ya retirada, entre el papa Benedicto XVI  y el imán sunita egipcio Ahmed el Tayeb.

Besos, besos y más besos. Porque el odio no sirve de nada. Lo dice Benetton. Y ya saben, lo que ha unido Benetton, que no lo separe el hombre.

Una marca políticamente incorrecta

No hay duda de que Benetton es una marca políticamente incorrecta. Siempre le ha gustado provocar, generar polémica y avivar conciencias.

Esta campaña ha sido un nuevo éxito como generador de ruido.  Muestra el lado más transgresor de la enseña y, a su vez, vuelve a sacar a la palestra un debate ético con años de historia: la diferencia entre países, culturas, políticas y religiones no tienen por que hacer que lleguemos a las manos.

A continuación, recopilo algunas imágenes de campañas de hace años, en la que Benetton mostraba ya la delgada línea que separan el bien y el mal.

PD: Pero cuidado, Benetton no está libre de pecado. Es lo que tiene mostrarse como una marca con cierto sentido social y ético. Consejos tengo, pero para mi no tengo, decía el refranero popular. Y a la firma de moda le han caído varias broncas de organizaciones no gubernamentales por su forma de trabajar, por la utilización de lana australiana…

PD2: El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra…

Se esperaba mucho del debate que Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba iban a mantener ayer por la noche. Eso dicen, al menos, los entendidos -que no los ciudadanos y ciudadanas, como los políticos nos denominan-. Y, o soy yo, o la gente cada vez se exige menos, porque a mi me defraudó bastante.

Para empezar, ¿realmente se gastaron el medio millón de euros que se comenta en el montaje del Show? Porque con ese dinero, se me ocurre otro tipo de escenario, luces, música… Pero bueno, tampoco voy a ponerme en plan sofisticado a las primeras de cambio.

El debate en si, me pareció insulso, sin ninguna gracia. No me resultó creíble -y no sólo por el formato del espectáculo, con tan sólo dos de las decenas de partidos que concurren a las elecciones sobre el plató-.

Tampoco me voy a meter en la labor de uno y otro. El resultado es el de siempre. Para los socialistas, Rubalcaba arrasó; para los populares, Rajoy es ya presidente. Hubiera ocurrido lo mismo de haber habido en el escenario más partidos y líderes.

Personalmente, me pareció un cara a cara muy flojito. Un debate 1.0 en toda regla. Un espectáculo sin diálogo, sin conversaciones. Comunicación chapada a la antigua. Completamente unidireccional.

Yo lanzo mi mensaje, como si se tratara de una pelota de béisbol, y tú, si quieres, lo recibes. ¿Para qué vamos a discutir, a intentar negociar soluciones, si ya sabemos lo que va a ocurrir? Mejor digamos lo que queremos decir, y retémonos el 20N.

¡Y pensar que hace no tanto la mayoría de partidos nos intentaban vender que ellos son 2.0 y que los importantes somos nosotros, los votantes! (puedes leer De Política 2.0 y otras mentiras). Pues nada, parece que algunos lo han vuelto a olvidar.

¿Qué decía el Manifiesto Cluetrain? ¡A, sí! Que el Usuario es el Centro y el Contenido, el Rey. Pues qué queréis que os diga. A mí lo de ayer me pareció bastante vacío de contenido.

Por momentos, incluso me pareció haber cambiado inconscientemente de canal y estar viendo un combate de Pressing Catch -algunos luchadores son realmente buenos y hasta hacen que parezcan combates de verdad-

Y, además, para otorgar al show aún mayor credibilidad, resulta que, mientras se encontraban en pleno debate, Rajoy y Rubalcaba, Rubalcaba y Rajoy, estaban al mismo tiempo tuiteando. Será que tenían móviles de última generación, porque sobre su mesa no veía más que un par de bolígrafos y un montón de papeles desorneados. ¿Realmente esta gente tienen asesores?

En fin, que mucho gugel, mucho tuiter, mucho bisnes enyel… pero la política continúa siendo 1.0.

¡La que se ha armado con La Noria, Campofrío, El Cuco, Puleva…!

Menos mal que las Redes Sociales, esas plataformas que son lo más parecido que hemos tenido jamás a Robin Hood, están ahí dispuestas a echar una mano al populacho y denunciar todo tipo de atropellos. Porque ha sido surgir la polémica y comenzar la avalancha de quejas y movimientos estratégicos de unos y otros, por cierto, bastante bien orquestados.

He de reconocer que hasta hace bien poco no entendía prácticamente nada. Será porque, en lugar de seguir La Noria, estuve viendo a la Real Sociedad -bueno, mejor dicho al Real Madrid, porque a la Real todavía le espero-, y no vi el esperpento de programa de Telecinco.

Pero ahora lo he pillado. Osea, que un programa televisivo que se dedica a sacar la mierda de todo quisqui (todo quisqui que se deje previo pago de una importante suma de euros), hace negocio de una tragedia -asesinato- y ponemos el grito en el cielo. ¡Parece que todavía tenemos cierta sensibilidad! (Un detalle que merece ser tenido en cuenta y me alegra enormemente, esto que quede clarísimo).

Indignados, acudimos a nuestro Robin Hood 2.0. Denunciamos lo ocurrido durante el programa en Facebook, Twitter, Tuenti y probablemente hasta en LinkedIn (sí, se que me he dejado Google+, pero es que no termino de verlo). Nos enfrentamos a las marcas que se publicitan en el programa -ahora sí, basura- porque hacer negocio de la tragedia queda feo. ¿Cómo se les ocurre?

Y claro, los Campofrío, Puleva, Nestlé, Bayern y demás, en un movimiento estratégico de lavado de imagen, de esto no va conmigo, deciden condenar el programa, anuncian que no volverán a publicitarse en La Noria. ¡Y todos tan contentos! Pero, ¿cómo somos tan hipócritas?

Para empezar, ¿tienen esas marcas la culpa del contenido del programa? Sinceramente, no lo creo.

La Noria sigue teniendo tirón para esas compañías. Su Target es el que está ahí, pegado al televisor, viendo a Jordi González y cía, viendo como alguien, famoso o no, decide entrar al juego del cuento lo que quieras por dinero sea verdad o no.

Lo triste es que programas así tengan audiencia, que la tienen, y mucha.

Eso sí, para gustos, los colores.

No pude estar presente en las Jornadas de Marketing Digital para Empresas Industriales, de Indusmedia, pero seguí la conferencia vía Twitter, he leído las presentaciones posteriores y algún que otro post, y la verdad es que han venido a mi mente un par de reflexiones que me me gustaría compartir.

Se comentó que en Euskadi estamos a años luz en marketing online. No tengo la más mínima duda al respecto. Pero, ¿y por qué no hablamos del marketing en general, ese que aglutina al online y offline? Porque tengo la impresión de que estamos a años luz en marketing, en sus dos vertientes, si es que seguimos empeñándonos en diferenciarlos.

Hace ahora un año escribí un post sobre ello, “Olvídense del producto. Vendan Marketing“, en el que venía a explicar que aquí seguimos empeñados en vender Producto, no Marca.

¿Que hemos empezado a vender marca? Por supuesto. Faltaría más. Pero todavía queda mucho camino por recorrer. Por eso, me produce cierto desasosiego que ahora que lo digital está en boca de todos, nos empeñemos en centrarnos en ello, aparcando todo lo demás -sabemos que el marketing no es sólo digital, pero últimamente tengo la sensación de que se nos olvida y de que no lo practicamos-.

Me gustó la explicación y la importancia que Alfonso Alcantara otorga a los empleados de la empresa, dirigiéndose a ellos como empleados sociales y principales valores del 2.0. Yo también creo que es así. De hecho, estoy convencido.

Pero en nuestras empresas -con excepciones, por supuesto- todavía existen muchos reparos en comunicar lo qué se está haciendo, cómo, por qué… Creo que muchas de nuestras compañías continúan ancladas en estructuras anticuadas, cerradas al equipo, y así es muy complicado poder involucrar a los empleados y hacer que éstos sean nuestros mejores comerciales.

Así pues, creo que para que encontremos empleados sociales de cierto valor, primero debemos abrir nuestras empresas. Tenemos que quitarnos ese miedo a comunicar, a compartir la información. Seámos mucho más transparentes (para lo bueno, y lo malo).

Hay mucho por hacer. Que no nos de miedo lo desconocido.

Lo que sucede con las equipaciones de los clubes profesionales de fútbol es digno de estudio. Marcas, clubes y aficionados parecen ponerse de acuerdo durante el mes de julio y principios de agosto para hacer que ese periódo sin campeonato liguero transcurra con cierta intensidad. Y es que suele ser precisamente durante esos meses cuando conocemos las equipaciones que lucirán los clubes durante la temporada, y es entonces cuando surgen los debates y enfados de alguna de las partes.

El merchandising ha evolucionado de manera espectacular en el fútbol. En la actualidad son muchas las enseñas textiles que se disputan diseñar las equipaciones de los equipos de fútbol profesionales. Hasta hace prácticamente poco las multinacionales apostaban por los clubes más importantes, los que mejores resultado obtenían y los que más seguidores tenían. No obstante, en los últimos tiempos también hemos visto que comienzan a trabajar otro tipo de estrategias, ligadas principalmente a sus objetivos globales como marca y no tanto al de equipaciones-deportivo.

La apuesta de las enseñas textiles por equipar a distintos clubes ha aportado una buena inyección económica a los clubes, pero en cierto modo, y principalemente los equipos vestidos por multinacionales, han visto como su propia identidad quedaba en entredicho. Y es que, en su afán por conseguir unas equipaciones innovadoras y modernas que atraigan a la afición y aporte grandes beneficios, las enseñas han descuidado un elemento de vital importancia: la identidad de la marca a la que visten. Porque, al igual que ellas, los clubes a los que esponsorizan también son marcas, con un amplio número de seguidores e infinitamente más fieles.

La innovación en las elásticas comenzó con algunas franjas laterales, colores vivos para las segundas equipaciones, rayas más anchas o estrechas…pero el egocentrismo de algunas marcas y la falta de criterio de algunos clubes hizo que esas firmas textiles quisieran ir un paso más allá, alterando de manera mucho más exagerada las equipaciones originales y atrayendo los problemas.

Sin embargo, al final todos han llegado a la conclusión que la primera equipación no ha de tocarse en exceso, mientras que la segunda e incluso tercera sirven para otro tipo de experimentos. ¿Todos?

El ejemplo del Sporting y Kappa

Es lógico que, cuando un equipo cambia de firma que le esponsoriza, ésta intente dar un pequeño giro e introducir nuevos elementos a las equipaciones. De alguna manera, las marcas textiles también buscan -y deben hacerlo- incluir elementos propios que caracterizan a su enseña.

No obstante, lo que sucede habitualmente es que la vestimenta del equipo se transforma en exceso. Este año, sin ir más lejos, ha ocurrido con el Sporting de Gijón, que ha visto como sus propios seguidores se han opuesto a la elástica diseñada por Kappa -como veréis en la imagen, predomina el blanco sobre unas rayas rojas excesivamente finas, haciendo que un sector de la afición la haya denominado la “camiseta-pijama”.

De cualquier modo, el caso del Sporting de Gijón no ha sido el único -ni lo será-. El año pasado sucedió algo similar con la elástica que Li Ning diseñó para el Málaga, con el cambio de las habituales franjas azules por otras muchos más claras -este año Nike ha dado continuidad a esas franjas azul cielo del equipo malacitano-, con las elásticas europeas de Joma, para el Sevilla, y Slam, para el Racing de Santander, o en Inglaterra con la tercera equipación Adidas del Liverpool, con algunos detalles azules que han enfurecido a los reds.

Para terminar, me gustaría citar dos ejemplos que, fuera del fútbol, representan a la perfección el error que cometen las enseñas textiles que no respetan la identidad del equipo al que patrocinan. Y es que quiero pensar que lo de la firma asiática Li Ning es estrategia de marca y no únicamente egocentrismo, ya que sus equipaciones para los equipos de basket Caja Laboral Baskonia y Asefa Estudiantes es una auténtica aberración.